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Abogado Málaga – Laiv, un imperio hecho de plástico

La fábrica de Laiv es como el paraíso para un niño. Hay bolas de plástico de colores saltando por todas partes; operarios metiendo juguetes dentro de esas bolas; cientos de máquinas de chicles, caramelos y frutos secos esperando a ser usadas… Sin embargo, el negocio de esta empresa malagueña con cuatro décadas de historia es muy serio. Alrededor de dos millones y medio de euros genera cada año su actividad, consistente en la fabricación de máquinas expendedoras y bolas de regalo que se venden en más de cien países. «Nuestro fuerte son Europa y Oriente Medio pero seguramente no haya ningún país al que no hayamos vendido alguna vez», revela Iván Moleón, segunda generación al frente del negocio después de que Jose Luis, su padre y fundador de Laiv, se jubilara hace un año.
El 60% de las ventas de Laiv se realizan en el extranjero. Sus cifras marean: cada año, fabrica más de siete millones de bolas de regalo y veinte mil máquinas expendedoras de todo tipo: desde frutos secos a chicles, chupa-chups o juguetes. A nivel nacional es la primera empresa en su sector, pero además este liderazgo se extiende a nivel mundial en algunos tipos de dispositivos, como los de frutos secos y los de bolas de gran tamaño. Una importante baza a su favor son las licencias que tiene de Chupa-Chups, Orbit y M&M’s para fabricar máquinas exclusivas de sus productos.
Pero quizá lo más destacable es que todo el proceso de fabricación, incluido el de las bolas de plástico donde se introducen los juguetes, se realiza en Málaga, donde Laiv da trabajo a 26 personas. Ni China puede competir en costes con esta empresa familiar. «Si es para el mercado europeo, nuestras bolas son más baratas que las que hacen los chinos, porque ellos tienen el coste añadido del transporte», explica Iván Moleón, que matiza que lo único que su empresa importa de Asia son los regalos y juguetes que van dentro de las bolas. Para todo lo demás, la fábrica cuenta con nueve máquinas de inyección de termoplásticos de última generación y una gran variedad de moldes que le permiten lanzar nuevos modelos constantemente.
Los orígenes
Y es que nada tienen que ver las sofisticadas máquinas actuales con las primeras que importó José Luis Moleón de Bélgica, allá por los años 60. En un viaje observó las máquinas de chicles que allí había y decidió traérselas para explotarlas por toda Andalucía, Levante y Castilla-La Mancha. En 1985 abandonó ese negocio y se centró en la venta de las máquinas y de sus productos (chicles, pistachos y bolas de plástico con juguetes). Y ya en los años 90 empezó a fabricar las primeras máquinas expendedoras ‘made in Málaga’.
Curiosamente, el fundador de Laiv puede presumir de haber inventado las máquinas de pistachos a granel. «Fue casualidad. Se nos habían acabado los chicles, así que se me ocurrió meter pistachos. Y vaya si tuvo éxito», afirma. Para esta familia de empresarios, la exportación ha sido la clave para afrontar la crisis. «La demanda ha bajado, pero a la vez se ha reforzado nuestro liderazgo», apunta Iván Moleón, que apunta al mercado latinoamericano como su próximo objetivo.
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Fuente: Diario Sur

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