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Condenado a siete años y medio por maltratar a su pareja, a la que agredía con nunchacos y palos

La Audiencia Provincial de Almería ha condenado a siete años y seis meses de prisión a un hombre por someter a un “estado de agresión permanente” durante tres años de convivencia a su compañera, con quien tiene una hija menor de edad en común y a la que llegó a fracturar en dos ocasiones la mandíbula con unos nunchacos.

M.J.F.B. inició el maltrato con insultos y vejaciones que fueron haciéndose más habituales a medida que avanzaba la relación hasta que se transformaron en agresiones físicas, como golpes con objetos contundentes como palos, botas con punta de hierro y bates de béisbol,  e incluso llegó a apagarle cigarrillos en el cuerpo o raparla la cabeza para evitar que saliera a la calle.

El tribunal de la Sección Tercera impone al acusado penas que suman un total de once años y siete meses de prisión por un delito agravado de malos tratos habituales en el ámbito de la violencia sobre la mujer, cinco delitos agravados de malos tratos y otros dos de lesiones agravadas por el uso de objetos peligrosos aunque aplicar el límite en el cumplimiento de las penas previsto en el artículo 76.1 del Código Penal.

Según recoge la sentencia, a la que tuvo acceso Europa Press, desde que comenzó en 2006 la convivencia de ambos y hasta noviembre de 2009, la víctima fue objeto de forma continuada en el interior del domicilio familiar a “humillaciones, menosprecios, agresiones físicas y vejaciones”, que se agudizaron a partir del año 2007 hasta repetirse “como mínimo una vez a la semana” en presencia de la hija en común.

M.J.F.B. comenzó entonces a utilizar objetos contundentes como palos, botas con punta de hierro y bates de béisbol, así como “a apagar los cigarros que consumía sobre su cuerpo” y “controlar” sus movimientos “en todo momento, no dejándola salir de casa, ni siquiera a la ventana a tender la ropa”. Añade que le rapó el cuero cabelludo “al objeto de evitar que saliera del domicilio”.

Ante lo “insostenible” de la situación, a las pocas semanas de comenzar las agresiones físicas, la víctima “se escapó a casa de sus padres” aunque regresó después de que M.J.F.B. fuese a buscarla “exhibiéndole un cuchillo” y le amenazase con hacer daño a sus familiares.  Dos años después, “anulada en su personalidad” por los malos tratos y por el temor a que el acusado hiciera daño a sus allegados, le abandonó de manera definitiva.

DOBLE FRACTURA DE MANDÍBULA

El fallo detalla que el procesado fabricó un palo al que puso púas metálicas que usaba para pegar en la espalda a su compañera “por el lado liso” y que dejaba colgado en una pared del dormitorio que compartían al tiempo que decía “qué bonito es el palo, es para ti”. Relata, asimismo, que quebró un bate de béisbol mientras le propinaba una paliza y que usaba unas botas de punta de reforzada con hierro para darle patadas.

El episodio de mayor gravedad para la integridad física de ella, según indica, tuvo lugar cuando, tras regresar de visitar a su madre, comenzó a agredirla con el palo y con unos nunchacos, lo que le fracturó la mandíbula. Meses después, días antes de que ella pusiera fin a la relación, volvió a golpearla, esta vez con los puños, y se la refracturó.

El tribunal, que rechaza que estas últimas lesiones le causaran perjuicio estético tal y como señalaba el fiscal en su escrito después de verla en sala, considera acreditada por la testifical de la madre de la víctima y las periciales forenses que la conducta de M.J.F.B. uso de manera “prolongada y sistemática” la violencia para lograr su “sumisión por el miedo” y que sometía a su pareja a un “exagerado control por aislamiento de su entorno y a humillación”.

Rechaza animadversión en la víctima ya que, según resalta, la instrucción de la causa se inició por la llamada de una trabajadora del centro social del complejo hospitalario de Torrecárdenas ya que ella, inicialmente, atribuyó sus lesiones a que se había caído de la moto. Subraya, asimismo, que los hechos son constitutivos de lesiones agravadas ya que el uso de palos o nunchacos suponen “sin duda, peligro para la vida o la salud física” del lesionado.

El Ministerio Público interesó para M.J.F.B., vecino de Roquetas de Mar (Almería), penas que suman un total de 16 años de cárcel al aplicar las agravantes de reincidencia y abuso de superioridad que no aprecia la Sección Tercera, que si se aviene a su petición de responsabilidad civil y condena al acusado a indemnizar con 27.350 euros por las lesiones y por las secuelas tanto físicas como morales. M.J.F.B. no podrá acercarse a la víctima a menos de 500 metros durante tres años. (Europa Press)

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