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La custodia compartida no es una medida excepcional

El Tribunal Supremo, vuelve a estimar dos recursos otorgando la custodia compartida. Ambas sentencias son de fecha 16 de febrero de 2015.

 

En la primera de ellas, la Audiencia Provincial de Sevilla desestimó la misma, concediendo a la madre la guarda y custodia, aconsejando un régimen de visitas amplio y flexible para el padre fijando, en caso de no existir acuerdo, el de fines de semana alternos y el miércoles con pernocta. La desestimación fue motivada por quedar acreditado un alto nivel de tensión entre los progenitores superior al habitual en casos de crisis matrimoniales. Ese grado de conflictividad era contrario al clima de diálogo sosegado entre los progenitores, a la comunicación fluida, y al entendimiento entre los mismos, lo que permitía inferir que la custodia compartida fuera un semillero de problemas que intensificara que los litigantes acudieran a la vía judicial continuamente e incidiera negativamente en la estabilidad del menor.

 

El Tribunal Supremo señala en la sentencia que no se ha respetado la doctrina casacional, estimando el motivo del recurso, dado que las razones que se esgrimen para desaconsejar la custodia compartida no constituyen fundamento suficiente para entender que la relación entre los padres sea de tal enfrentamiento que imposibilite un cauce de diálogo. La custodia compartida fomenta la integración del menor con ambos padres, evita desequilibrios en los tiempos de presencia, el sentimiento de pérdida, estimula la cooperación entre los padres, todo ello en beneficio del menor. Por todo ello acuerda casar la sentencia y establecer una custodia compartida.

 

En la segunda sentencia, también se estima el recurso de casación y se acuerda establecer un sistema de guarda y custodia compartida. Pues ambos progenitores reúnen capacidades adecuadas y suficientes para el ejercicio de la responsabilidad parental, debiendo extraerse el beneficio que para el hijo supondrá la custodia compartida.

 

La sentencia recurrida motiva su pronunciamiento desestimatorio en que no existía razón alguna para ratificar las conclusiones de la sentencia que aludía, entre otros extremos, a que no se solicitaba una distribución homogénea entre los progenitores de los tiempos de estancia con los hijos. Frente a ello, dice el Alto Tribunal que posiblemente estaba influenciada por la petición inicial de guarda y custodia para el padre y de un sistema que no acaba de aceptarse y que con frecuencia se ignora.

 

La custodia compartida no tiene que ver solo con la permanencia de los hijos en un domicilio estable, sino con otros aspectos referidos a la toma de decisiones sobre su educación y cuidado, deberes referentes a la guarda y custodia , periodos de convivencia con cada progenitor, relación y comunicación entre ellos, régimen de relación con sus hermanos, abuelos y otros parientes y allegados; todo ello sobre la base debidamente acreditada de la relación anterior de los progenitores con sus hijos y las aptitudes personales; deseos de los menores, número de hijos, cumplimiento de los padres de sus deberes para con los hijos y el respeto mutuo en sus relaciones personales.

 

Por todo ello, se casa la sentencia recurrida y se reitera en la misma la doctrina jurisprudencial que señala que la interpretación de los artículos 92, 5 , 6 y 7 CC debe estar fundada en el interés de los menores que van a quedar afectados por la medida que se deba tomar, que se acordará cuando concurran criterios tales como la práctica anterior de los progenitores en sus relaciones con el menor y sus aptitudes personales; los deseos manifestados por los menores; el número de hijos; el cumplimiento por parte de los progenitores de sus deberes en relación con los hijos y el respeto mutuo en sus relaciones personales; el resultado de los informes exigidos legalmente, y, en definitiva, cualquier otro que permita a los menores una vida adecuada, aunque en la práctica pueda ser más compleja que la que se lleva a cabo cuando los progenitores conviven. Señalando que la redacción del artículo 92 no permite concluir que se trate de una medida excepcionalísima sino que, al contrario, habrá de considerarse normal e incluso deseable, porque permite que sea efectivo el derecho que los hijos tienen a relacionarse con ambos progenitores, aun en situaciones de crisis, siempre que ello sea posible y en tanto en cuanto lo sea.

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