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Los bancos endurecen la concesión de tarjetas de crédito- Abogado especialista en consumo bancario

Las tarjetas de crédito, un instrumento de consumo que vivió una «burbuja» propia similar a la inmobiliaria, han pasado de ser un producto casi regalado al cliente a estar cada vez más restringido por parte de las entidades financieras, a pesar de haberse convertido en el objeto de deseo de muchas familias para llegar a fin de mes. Si hasta el año 2008 eran muy habituales la concesión sin requisito alguno de tarjetas de crédito con saldos hasta de 6.000 euros y superiores (incluso ilimitado), la realidad de la crisis y, sobre todo la creciente morosidad que sufre el sistema financiero –la tasa en la banca española roza el 7%, aunque es verdad que no hay dato desagregado para las tarjetas–, ha llevado a que bancos y cajas pidan más requisitos que nunca a la hora de otorgarlas.

 

Con todo este panorama, el resultado es muy visible en los datos del Banco de España: en 2008 se alcanzó un máximo de 44,8 millones de tarjetas crédito en circulación en todo el país, tras varios ejercicios creciendo a ritmos anuales de entre el 15% y 20%. Pues bien, el último dato del segundo trimestre de 2011 ha rebajado ya esa cifra a 41,2 con una retirada de 3,5 millones de tarjetas, lo que devuelve a España al nivel del año 2006.

Fuentes del sector financiero malagueño señalan que el descenso obedece tanto a la retirada inmediata de tarjetas de crédito a las personas y familias que han entrado en mora por no poder hacer frente a las cuotas de vencimiento como a la ausencia de nuevas concesiones de este producto por la «falta de solvencia» de los solicitantes. También es verdad que hay un cierto número de clientes que ha decidido cancelar su tarjeta porque no la usaba demasiado, en una época en la que toca apretarse el cinturón y eliminar gastos superfluos.

Los problemas, por supuesto, los están sufriendo los usuarios de las tarjetas más corrientes –con saldos de entre 1.000 y 3.000 euros–, que representan a esa clase media que más ha sufrido los estragos de la crisis y el paro. Es raro, afirman estas fuentes, ver muchos casos de morosidad en las denominadas tarjetas de alta gama, tipo «oro» o «platino», ya que «los ricos siempre son ricos, a pesar de la crisis».

«Venimos de una época en que se saturó el mercado porque se concedieron tarjetas a diestro y siniestro. Y ahora se están retirando las tarjetas a todos aquellos que no pueden amortizar la deuda y, además, se está mirando con lupa a todo el solicita una» apuntan. Ese examen exige la constatación de ingresos –ya sea por nómina, negocio u otros recursos– y además la comprobación de que en un plazo de hasta tres años el solicitante no ha tenido ninguna incidencia en sus pagos –es decir, no ha entrado en descubierto, los conocidos como números rojos– ni ha estado inscrito en registros de morosos como el RAI o Asnef.

Un producto «goloso»

El caso es que estas tarjetas son uno de los productos más «golosos y rentables» para los bancos, ya que los intereses que se aplican sobre lo prestado oscilan entre el 8% y el 15% –y más aún en el caso de que el cliente entre en mora–, mientras que las comisiones de mantenimiento anuales rondan entre los 30 y los 60 euros, dependiendo del nivel de saldo disponible de la misma. Además, estas tarjetas también aplican comisiones a las ventas realizadas por los comercios mediante este sistema de pago. Sin embargo, ahora no hay mercado para colocar este tipo de productos.
«Las tarjetas de crédito son un instrumento cuyo potencial de crecimiento es la población joven que se incorpora al mercado laboral, y ahora mismo ese segmento no existe», señalan las fuentes, que recuerdan que el paro en Málaga ha pasado de los 90.0000 desempleados de finales de 2007 a los 194.804 de noviembre de 2011.

El análisis es compartido por las asociaciones de consumidores. Tanto el delegado de Ausbanc en Málaga, Alfredo Martínez, como la coordinadora de Adicae, Ana Muñoz, critican que las entidades financieras «colocaran» tarjetas antes de la crisis a todos sus clientes, incluso cuando no la necesitaban, y ahora impongan restricciones exageradas.

«Hubo un momento en que algunas personas llegaron a pagar la hipoteca con la tarjeta de crédito. Fue una locura. Ahora encontramos que hay muchas pegas para dar tarjetas, aunque en realidad es uno de los productos más rentables para un banco», afirma Martínez.

Por su parte, Muñoz recuerda que las mayores exigencias de solvencia impuestas por la UE ha hecho que las entidades sopesen mucho más el tema el crédito. Además, denuncia el incremento aplicado a las comisiones de mantenimiento de las tarjetas de crédito. La media ha subido en los últimos meses un 5,8% y se sitúa en los 36,9 euros anuales.

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Fuente: La Opinión de Málaga

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